lunes, 3 de junio de 2013

Un asteroide con luna propia pasa relativamente cerca de la Tierra


Imágenes tomadas con radar del asteroide 1998 QE2 a unos seis millones de kilómetros, con su pequeña luna (la mancha brillante).

El asteroide cuya trayectoria ha registrado esta noche la máxima aproximación a la Tierra (a 5,8 millones de kilómetros) tiene una luna propia que lo acompaña. El cuerpo principal se llama 1998 QE2 y mide aproximadamente 2,7 kilómetros de diámetro, cumpliendo un giro completo sobre su eje en menos de cuatro horas. Los astrónomos han observado en su superficie varias zonas oscuras que deben ser grandes concavidades. El satélite, sin embargo, mide solo unos 600 metros. No es tan extraño en el cielo este andar juntos de varios cuerpos ya que, se estima que aproximadamente el 16% de todos los asteroides de 200 metros o más forman parte de sistemas binarios o triples. Pero este ofrece una buena oportunidad a los investigadores que están siguiéndolo ahora que pasa relativamente cerca. Relativamente, porque los 5,8 millones de kilómetros de máxima aproximación a la Tierra (a las 22.59 hora peninsular del viernes) son más de 15 veces la distancia de la Tierra a la Luna, pero no volverá a pasar tan cerca al menos hasta dentro de un par de siglos, según informa la NASA.


Un asteroide de ese tamaño colisiona con la Tierra cada millón de años, como media, y su efecto es devastador por su influencia en el clima del planeta y por su capacidad de destrucción masiva en un territorio del tamaño de México. Con este no hay riesgo, pasa lejos.
El asteroide fue descubierto, en 1998, por especialistas del Instituto de Tecnología de Massachusetts y ahora los expertos de la NASA han logrado observarlo con radar, en concreto con la antena de 70 metros de diámetro de la Red de Espacio Profundo de la NASA en Goldstone (California). Durante toda la semana próxima se seguirá el asteroide con esa antena y con el gran radiotelescopio de Arecibo, en Puerto Rico. Con las observaciones continuadas, los científicos pueden obtener datos precisos sobre el tamaño del objeto, su forma, su rotación y algunas características de su superficie. Además, los seguimientos de los asteroides ayudan a precisar los cálculos de órbita, lo que es esencial para las actividades de protección del planeta frente al riesgo de impacto de objetos celestes.
Las imágenes de 1998 QE2 obtenidas con la antena de 70 metros tienen, de momento, una resolución de 75 metros por pixel.

Zonas lunares superdensas


Anomalías gravitatorias de más de 400 kilómetros de diámetro en una región de la cara oculta de la Luna. / H. J. MELOSH (PURDUE UNIVERSITY) / NASA-GRAIL
Hay unas regiones en la luna, invisibles porque se hacen notar porque tienen mayor gravedad que la media y no se sabía muy bien por qué, aunque su efecto hay que tenerlo en cuenta en las operaciones de artefactos en órbita allí. Ahora, gracias a uno de ellos, o dos en concreto, los vehículos gemelos de la misión GRAIL de la NASA, los científicos han podido investigar con precisión la estructura interna de la Luna. Al centrarse en datos de esas zonas densas  –denominadas mascon- y el consiguiente notable tirón gravitatorio, Jay Melosh (investigador de la misión Grail) y sus colegas han llegado a la conclusión de que están asociadas a impactos de grandes asteroides allí. Lo explican en el último número de la revistaScience.
Esos mascon, descubiertos en 1968, se formaron al rellenarse cráteres de impacto  con material del manto lunar, enfriándose, y bajo la influencia de factores como el diámetro y velocidad del cometa o asteroide, el gradiente térmico lunar, el grosor de la corteza y el flujo del manto bajo ella. La misión Grail se desarrolló en órbita de la Luna desde septiembre de 2011 hasta diciembre de 2012.

Fotografiado el planeta extrasolar más ligero hasta ahora


Los cuatro telescopios del conjunto VLT, en Chile, cada uno con un espejo principal de 8,2 metros de diámetro. / ESO

El cielo en torno a la estrella HD 95086, en la constelación de Carina, que tiene en órbita el planeta HD95086b. /ESO/DIGITIZED SKY SURVEY 2( DAVIDE DE MARTIN)

Casi un millar de planetas han sido ya descubiertos fuera del Sistema Solar, pero la inmensa mayoría de ellos se han detectado de modo indirecto, no es que los hayan visto los astrónomos. Hallar un objeto comparativamente oscuro en órbita de otro brillante como es una estrella supone un reto arduo que solo se logra con los mejores instrumentos de observación. Así, solo de una docena de planetas extrasolares se habían obtenido imágenes. El Observatorio Europeo Austral (ESO) informa hoy de otro nuevo que, además, con cuatro o cinco veces la masa de Júpiter, puede ser el más ligero de los fotografiados hasta ahora.

El planeta, que en las imágenes aparece como un simple puntito de luz tenue, se denomina HD95086b y gira en torno a una estrella algo más masiva que el Sol, mucho más joven (entre 10 y 17 millones de años, frente a los 5.000 millones del astro central del Sistema Solar) y con un disco de gas y materia a su alrededor; está a unos 300 años luz de la Tierra (la estrellas más cercana al Sistema Solar está a poco más de cuatro años-luz). El planeta gira alrededor de su astro a unas dos veces la órbita de Neptuno, es decir, unas 56 veces la distancia de la Tierra al Sol. El brillo de la estrella ha permitido a los astrónomos estimar la temperatura del planeta en unos 700 grados centígrados. “Es suficientemente frío como para que exista vapor de agua y metano en su atmósfera”, señala Gaël Chauvin, uno de los autores del hallazgo. Otro planeta extrasolar fotografiado anteriormente, Fomalhaut B, podría ser más ligero que HD95086b, pero su masa no se ha determinado aún con precisión, recuerda el ESO en un comunicado.
“La obtención de imágenes directas de planetas requiere una técnica extremadamente difícil que exige los instrumentos más avanzados, ya sea en tierra o en el espacio”, comenta Julien Rameau (Instituto de Planetología y de Astrofísica de Grenoble, Francia), líder del equipo que ha hecho el descubrimiento y que lo da a conocer en la revistaAstrophysical Journal Letters. “Solo unos pocos planetas han sido observados directamente hasta ahora, lo que hace que cada hallazgo sea una hito importante en el camino de la comprensión de los planetas gigantes y cómo se forman”, añade.
El primer planeta extrasolar fue descubierto, en 1995, por Michel Mayor y Didier Queloz (ambos del Observatorio de Ginebra) mediante una técnica indirecta puesta a punto por ellos: medir el ligero bamboleo que sufre una estrella cuando tiene un planeta (o varios) girando a su alrededor. Es como observar a un gigante que hace dar vueltas a un niño pequeño agarrado por las manos, por lo que, aunque no se vea al niño, el movimiento del adulto desvela su presencia. Con este método se ha descubierto gran parte de los planetas extrasolares. Otra técnica muy fructífera, explotada a fondo por el telescopio estadounidense Kepler, es la denominada de tránsito. Lo que los astrónomos hacen en este caso es medir la ligerísima atenuación del brillo del astro cuando un planeta se cruza por delante de él en la línea de visión desde la Tierra, como un minieclipse parcial. También es, por tanto, una técnica indirecta.
Para fotografiar el HD95086b, los astrónomos han utilizado uno de los cuatro grandes telescopios VLT, del ESO y ubicados en Chile, con la cámara avanzada NACO que, gracias a la técnica denominada de óptica adaptativa, permite contrarrestar los efectos borrosos en las imágenes debido a la atmósfera terrestre y proporciona unos resultados de extremada nitidez. Han hecho las observaciones en infrarrojo.